Sí, queridos amigos, mi amigo Tieniu y yo decimos adiós a Wudaokou, con pena, con mucha pena, pero, a veces, es bueno decir adiós a los lugares, como a los amores, antes de que nos empiecen a hartar. Acaso eso fue lo que me llevó un día, hace ya año y medio, a dejar atrás Barcelona. Aunque, bien pensado, en Barcelona me venía arrastrando desde hacía ya bastante tiempo…
Yo he sido muy feliz callejeando por Wudaokou. No he disfrutado demasiado de su vida nocturna, pues tampoco no es eso lo que me interesa, pero sí que me lo he pasado bien descubriendo poco a poco los rincones escondidos de esta zona de Pekín. Así pues, diremos adiós a Kuaile Ningmeng, esa tienda de batidos rápidos y baratos que una vez, tras los andamios, Sara y yo creímos perdida, pero sólo cerró durante las dos semanas necesarias para adecentar el local; diremos adiós a Hualian, el centro comercial donde me he abastecido de todo y donde me han pasado tantas cosas; adiós a los mejores bocadillos y al mejor malaxiangguo de Pekín; adiós al campus de la Beiyu y su desfile de juventud, aunque ya hacía tiempo que lo pisaba bien poco; adiós al puestecito de pastas y de jiangbin y cosas malas para el colesterol; adiós al paso a nivel, y a los atascos de primera hora de la mañana y de media tarde; y, en especial, adiós a mis adorados restaurantes jiaozi baozi difang y sichuan difang (no son sus verdaderos nombres, sino los nombres que nosotros les pusimos; los reales eran nombres muy ordinarios, en todo caso un menoscabo, así que nosotros les dimos unos nombres literarios a la altura de sus sobresalientes cocinas). ¿Dónde encontrar esos gaifan –platos de arroz y algo más, al gusto- maravillosos? ¿Dónde encontrar esos jiaozi de carne de cerdo y cebolla? Y, sobre todo, ¿dónde encontrar lugares con esos precios de saldo y esas mesas mugrientas de vinagre y aceite de soja? Decidme, ¿dónde?
Pero no todo está perdido. Nos mudamos a un barrio un poco más céntrico, con parada de la línea 10, llamado Mudanyuan. Es un barrio con muchos menos extranjeros y, en ese sentido, mejor para mi chino. Hay un Carrefour y un Wallmart al girar la esquina y el barrio está lleno de restaurantes de todo tipo, así como tiendas de fruta y comida. En resumen, hambre no pasaré. Mudanyuan no está muy alejado de Wudaokou. Hay autobuses que nos llevan en 20 minutos. Un taxi te lleva por un euro y medio. El metro también tarda poquito, aunque con cambio de línea incluido. Pienso retomar mis clases de chino en septiembre, así que vendré por Wudaokou todos los días. Todavía tenemos algunos amigos –pocos, pues la mayor parte ya han abandonado Wudaokou- a los que vendremos a visitar. Nuestro nuevo piso es un poco más pequeño, pero mucho más nuevo y todo mucho mejor. En concreto, el comedor es más pequeño, pero es que nuestro actual comedor es un campo de fútbol. Yo voy a pagar casi el doble de lo que pago actualmente, vamos, a precio de Barcelona, pero mi habitación es grande y hasta tengo terraza. Ya dije en otra parte que, para estrenar mi treintena, pensaba aburguesarme… El piso también tiene un baño más grande y nuevo y… ¡tachín, tachán! ¡No hay piscina asiática, sino una bañera! ¡Guauuuuuuuuuuu! En cuanto entre, lo primero que pienso limpiar es la bañera y, acto seguido, dejar que un buen chorro de agua fresquita resbale por la cerámica y después, ufff, después darme un baño con jabón de coco o mango y sales minerales; y quiero que en la habitación el vaho embrume los espejos y cantar, cantar alto, bien alto, alguna canción alegre y desvergonzada, cual galeote recién regresado de la mar… ¡Adiós, Wudaokou!