Pekín también los tiene, ¿o acaso lo dudabas? Los parques de atracciones, ese lugar que, o bien te apasiona, o bien rechazas con todas tus fuerzas, también han llegado al país más capitalista del mundo. A mí no me gustan demasiado, pero disponía de un día libre, sin obligaciones, de esos escasos, y me propusieron salir de Wudaokou. Así que cepté la propuesta sin pensarlo mucho.
La hora de quedar fueron las 7:30 de la mañana y el lugar, la salida del metro de Wudaokou. Es un punto de encuentro por excelencia, como la puerta del Banco de España o delante del bar Zurich. Nos juntamos unas nueve personas con la intención de ir a Happy Valley, que está en la otra punta de la ciudad. Teníamos que recorrer prácticamente entera la línea 10 y luego tomar un autobús. Cuando llegamos al autobús la parada estaba atestada de gente. No obstante, nosotros nos embutimos como pudimos, con nuestros cuerpos adoptando formas y poses más propias de las momias de yeso de Pompeya.
Por suerte, el trayecto sólo duró veinte minutos, pero luego vinieron las colas para compar las entradas, para acceder al recinto, para entrar en las atracciones, para comer… Con todo, pudimos realizar muchas actividades. Nos montamos en unas barcas que funcionan a modo de montaña rusa donde quedas literalmente bañado por el efecto del agua; vimos cine en 4D; nos encontramos con alguna representación teatral de dudoso gusto; subimos a una especie de grúa que te permite ver los alrededores del parque (y ver que Pekín sigue incluso más allá, como si fuera una mancha de aceite que se pierde en el firmamento); nos montamos en otras montañas rusas e incluso en un tíovivo.
Te preguntarás… ¿y la seguridad? No te preocupes, las empresas que se encargan de la construcción y mantenimiento del parque son extranjeras. Según C, estas empresas están especialmente preocupadas por la seguridad, puesto que les va en ello su imagen en los parques de atracciones de Disney, Warner, etc.
Los parques chinos son especialmente divertidos porque te cruzas con una fauna interesante. En el parque es habitual ver a chicas con un lacito en la cabeza (pero un pedazo de lazo) o con unas gafas tipo ‘José Vélez imitado por Arús’. Muy cursi y muy ñoño y muy chino. También muy chinas son algunas atracciones, como esa en la que hay una plataforma giratoria donde la gente se tumba y, cuando empieza a girar, tienen que tratar de evitar ser expulsados de la plataforma por la fuerza centrífuga que se genera, como en un toro mecánico. Gana, obviamente, el último que evita ser expulsado.
Nos hizo un día muy bueno, con un sol generoso. Cuando cayó la noche hizo un poco más de frío. Antes de abandonar el parque asistimos a una representación teatral en el teatro del parque. C. dice que es uno de los teatros mejor equipados del mundo. No sé cómo serán otros, pero los efectos de decorado (plataformas que suben y bajan, luces, fuego, agua a raudales inundando el escenario, fondos enormes y diferentes que se mueven de maneras imprevisibles) bien valieron la visita.
Al salir, exhaustos, viendo la marabunta humana que se agolpaba por entrar en el autobús, decidimos cenar en algún sitio de por allí. La espera tuvo recompensa, puesto que luego pudimos tomar el autobús sin molestias. De camino a casa, se nos ocurrió la idea de invertir las últimas fuerzas en un karaoke y, una vez en Wudaokou, nos fuimos a cantar. Estuvimos cerca de dos horas. Era ya casi media noche, toda la gente estaba afónica, desventrada, con los pies amoratados, el cabello sudoroso y la mirada lacia, pero sonriente. Cuando volví a casa me tumbé en la cama y no dejé de dormir hasta que me desperté con el dulce sentimiento de que en ese nuevo día tampoco tendría ninguna obligación.
![BeijingHappyValley[1]](http://elcompas.files.wordpress.com/2011/04/beijinghappyvalley1.jpg?w=477&h=357)