Querido J:
El tiempo en Pekín es magnífico. Firmaríamos este no calor no frío con los ojos vendados. Nos basta el tacto del aire en nuestra epidermis para saber que esto es lo que nos pone. Sin embargo, estamos tristes, puesto que sabemos que el verano se apeó en la estación anterior y dentro de poco el otoño se tumbará entre los árboles y dormirá un largo invierno de niebla entre ronquidos de hielo.
Por nostalgia, y sólo por nostalgia, te dejo esta veraniega. Es necrofilia, hacerle el amor al pasado, negarse a una ruptura que fue definitiva, pero, ¡qué caramba!, a menudo hay que desfogarse con alguna lagrimita por lo que fuimos y, sobre todo, por lo que quisimos ser.
Un abrazo,
Y.Zh.
“Té de flores. Termos llenos. Libros de inglés. Carteras sobre las sillas. Gente que duerme abrazada a su cabeza. Ventiladores. Chicas lindas. Ojos rasgados y sin maquillaje. La gente entra y sale. Silencio. Dos chicos juegan al ajedrez chino mientras, más allá, una chica envía mensajes de móvil. Las paredes llenas de arañazos. Los cuadros, escasos y aislados, con gotas de pintura blanca. Cables por el suelo. Mesas largas y azules como pistas de despegue hacia los sueños. Libros de economía y estuches de colores. Galletas y auriculares. Otra chica juega al póker en su ordenador. Alumnos que hacen codos. Móviles que vibran respuestas. Ventiladores. Tacones. Hace calor. Termos vacíos. La gente entra y sale… Por las ventanas, el cielo gris desaparece lentamente. Una tarde en la biblioteca”.