Querido J:
Todo esto balbució por primera vez entre las sedas de un 7 de diciembre de 2007. Un grito, un sobresalto y dos ágiles zancadas fueron las primeras maniobras del neonato en esta enredadera internáutica. El Alarife echó a andar sin alharacas -o al menos eso prometí- y tú lloraste como llora el tío de la criatura.
Por aquel entonces, yo era un ingenuo escribidor -y lo sigo siendo, no creas- que delineaba peldaños circulares hasta Nueva Zelanda. Al principio me esforzaba, tal vez con pocas aptitudes. Por eso abaraté el nivel y, con el discurrir del tiempo, el nivel me descabalgó a mí mismo. Detrás de tanta presunción hubo trabajo, no creas, aunque también descuido, flaqueza y urgencias gratuitas. Son excusas únicamente parciales porque ante la evidencia uno tendría que doblegarse y apearse en la primera estación decorosa.
Si no lo hice hasta ahora será por mi testarudez congénita. Nueva Zelanda fue un pozo sin fondo mal aprovechado pero tuvo cierto éxito y quizá eso me espoleó. Después de este viaje maravilloso del que tanto conté, vino la decadencia, como habrás podido apreciar. Se salvan, eso sí, algunos momentos eximios que luego hemos compartido en la cantina. Esas risas que no nos las quiten.
El Compás del Alarife cumplió, ayer 7 de diciembre, su primer año de vida. A pesar de ello, te comunico que me tomo un respiro sin límite de tiempo. Actualmente estoy en el fragor de la batalla y ya no podría seguir atendiéndolo como se merece. No sé si lo acabaré cerrando o lo retormaré en un futuro.
Querido amigo, esto es un cumpleaños y una rápida despedida. Espero que te cuides mucho. Se te echará de menos por aquí.
Recibe un cordial saludo de tu amigo,
j.