El Alarife ya se encuentra de nuevo entre nosotros, una libertad alegre sobrevenida a vuela pluma, como la del ave de vuelo raso y corto que despega de una tierra que hierve los talones. Para celebrarla, nuestro amigo escarba un lecho entre el lodo y las cañas donde sepultar su último botín, pero la música de las ferias de Agosto lo embelesa, suelta la pala y corre flechado a entonar su canción:
La Rumba neix al carrer
filla de Cuba i d’un gitanet
i sa germana que és l’Havanera
viu gronxadeta entre mariners.*
El Alarife se toma un descanso de tanto trajinar y, entre barrido y fregado, hace caso a un amigo y se emborracha con Marqués de Griñón mientras las cucarachas moradas –que según Emilio son carnívoras- ejecutan maniobras de paracaidismo sobre la última edición de la Guía Marca. Una bandada de periquitos –piensa el Alarife- debería erradicarlas de este edificio, si es que alguna vez un periquito ha engullido una cucaracha. ¡Ni que éstas fueran del Barça, leche! Y enfurecido consigo mismo, el Alarife estrella la botella de vino del buen marqués contra el suelo y su boca desdentada vuelve a entonar, como un conjuro contra las penas, otra alegre canción:
Enamorao de la vida
aunque a veces duela
si tengo frío
busco candela.**
Ya son las ocho y media. Es viernes, 29 de agosto. El Alarife se asea los pómulos y lanza al retrete el Revlon de guantera de Seat Panda. Antes de partir, se afea a sí mismo la cremosidad de los pechos, de manera que sumerje los sobacos en un agua densa de bellota. Mientras se enjuga con una toalla, piensa que ésta es su última función y, con cariño, se despide de los espejos. Tras el adiós dolorido, cierra con llave la entrada al escenario y toma la vereda de casa silbando una canción cualquiera del Gato.
* La Rumba de Barcelona – Gato Pérez; ** Volando voy – Kiko Veneno, interpretada tb. por Camarón