En un grueso volumen escuetamente titulado “Memorias” Santiago Carrillo nos recrea el día en que conoció a Kim Il Sung, el déspota dictador norcoreano, y también cuando, en un viaje posterior, tuvo el placer de saludar al célebre Ho Chi Min. Para entonces, este último ya era considerado un héroe de la liberación colonial de Vietnam. En dicho libro Carrillo no tiene ningún reparo en defender regímenes abominables como el norcoreano. En este sentido, el “viejo león comunista” sigue siendo un revolucionario irredento. A propósito de las “Memorias” de Carrillo, pienso que no tienen desperdicio y que merece la pena hojearlas. Entre otras razones, como era de esperar, el antiguo secretario general del PCE se defiende de las acusaciones, procedentes de la historiografía franquista, de estar detrás de la conocida matanza de Paracuellos del Jarama. Lo cito porque sé que a alguno le interesan estos temas.
El otro día me acordé de todos estos viejos comunistas cuando, estando refugiado bajo un andamio por culpa de esta lluvia primaveral que nos ha bendecido durante cuarenta días, un chico vestido con una camiseta roja grabada con la efigie y nombre de Ho chi Min se acercó a saludar a uno de mis acompañantes. El chico portaba un mástil con la enseña tricolor y nos reveló que su objetivo, pese a la lluvia, era manifestarse ante la embajada de la Unión Europea. Pido perdón por mi ignorancia, pero todavía no sé de qué embajada se trata. Si alguien lo sabe, con un comentario en esta entrada podrá dar solución a mi curiosidad. Gracias.
Sea como sea, es evidente que algunas viejas glorias se resisten a morir y persisten en dar un coletazo tras otro en una agonía sin tregua. Ahí está la banda terrorista ETA, a la que muchos se resisten a dar al olvido puesto que, en el fondo, si no existiera ETA habría que inventarla. Aun así, la primitiva parafernalia marxista de ETA actualmente es un cascarón demasiado endeble como para ser tomado en serio: una pantomima de mal gusto cuyo apoyo por parte de algunos incautos se nos tendrá que explicar, algún día, ante un tribunal que quizá debiera parecerse al de Nuremberg.
En cambio, a veces también, el pasado reciente, ése que parecía tan real como indestructible, está completamente inerme. Sin ir muy lejos: la guerra fría y a la división del mundo en bloques antagónicos, donde el régimen franquista se situaba claramente en contra del bloque comunista. Como secuela pintoresca de este pasado olvidado, ahí tenemos el enfrentamiento en la Eurocopa de fútbol entre la selección española –la “roja” según los medios del grupo PRISA- y su homóloga Rusa. Hace treinta años la heredera de la URSS era el enemigo declarado del régimen franquista y hoy, sin embargo, nadie ha recordado la enemistad política entre ambos estados, que lo era también entre las dos Españas. Hoy nadie la ha recordado, por mucho que el grupo PRISA se empeñe, con una clara vocación política, en convocar a los seguidores de la selección española en la plaza “roja” de Colón (hay veces que la toponimia genera binomios de una sensual exquisitez) y por mucho que a don Federico se le lleven los demonios porque la camiseta de la selección española esté teñida de rojo. Aunque, quizá, lo que pasa es que el de la COPE, sabedor de que el control del lenguaje es básico en todo combate, se mira el “revival” dialéctico de PRISA con esa irrefrenable inquina del converso. Del converso “rojo”, claro.