Querido J:
Acabo de leer a Sostres, de equívoco nombre Salvador. Sabes bien quién es. Capaz de las disquisiciones más demagógicas y adoratriz de Federico desde la no tan evidente lejanía ideológica. El caso es que sigo desde hace tiempo las desventuras de Sostres a partir de sus artículos publicados en su blog y en su columna del diario AVUI. También he podido seguirlo en alguna de sus apariciones en Canal Català, donde, al parecer, es contertulio habitual de un programa de sobremesa. Genio y figura, ciertamente. Además, he coincidido con él en más de una ocasión en un bar que ambos frecuentamos (él más que yo) pero nunca le he dicho “esta boca es mía”, quizá porque uno, como dijo Vázquez Montalbán, llega una edad en que es responsable de su propia cara.
No descubro nada si digo que Sostres es un tipo insolente y malhumorado que doblega la realidad catalana hasta unos límites elegíacos que me sobrepasan. Simpatizo, en parte, con su inclinación a desbrozar ese lenguaje políticamente correcto con que el falso progresismo nos ha martilleado en los últimos años. Y permítaseme decir falso porque es el que, lamentablemente, se llevó el gato al agua al final de la Santa Transición (ya ves, mi querido amigo, todavía quedamos crédulos de tiempos mejores). En definitiva, lo que vengo a decir es que, por mucha distancia ideológica que me separe de Sostres, ahí estoy en su misma trinchera, si es que esto es una guerra.
No obstante, nunca he compartido su elitismo infantil (que, a su edad, demuestra que ha transpirado poco por las axilas) ni, por supuesto, sus ideas santurronas contra una España que odia, aunque su fortuna familiar evoque el linaje de los vencedores sarriatenses del 39. En especial, no comparto su recurrente desprecio a lo que él no considera “prou català”, esa garantía de marca. Un menosprecio que, aunque debe tolerarse en aras de la libertad de expresión, a menudo traspasa las lindes de la educación más elemental y desemboca en el inadmisible racismo. Pues bien, esto último se ha vuelto a repetir en su entrada del día 28 de mayo llamada “Equatorians” (www.salvadorsostres.com) donde el articulista del AVUI se explaya sin complejos, exudando clasismo por las cuatro barras.
Esto viene al caso porque no es la primera vez que Sostres sigue la estela de los ínclitos Heribert Barrera y Marta Ferrusola, dechados de virtudes catalanistas y democráticas (sic), si es que ambas forman un binomio perfecto e indeclinable. Ya en enero de 2008, desde su blog lanzó un apoyo entusiasta a un artículo de Enric Vila (http://www.enricvila.net/blog.asp?sbb=1&dat=1/21/2008) donde éste divagaba sobre la inmigración actual con una aspereza que rayaba el ultraje.
Por suerte, en referencia a esto último, Ciutadans se ha puesto las pilas (aunque tarde y mal) y ha presentado una propuesta de resolución al Parlament de Catalunya con el fin de que se condenen las manifestaciones de racismo de Vila y Sostres de enero de 2008. Una propuesta que, dicho sea de paso, no contará con el respaldo del resto de grupos políticos, creo que con la excepción del PP.
Por un lado, de CiU y de ERC no me esperaba menos. En definitiva, Sostres no ha escrito nada que algunos de los militantes nacionalistas, los menos pero a la vez los más ruidosos, no suscriban punto por punto. Por lo que respecta a estos partidos políticos, nada nuevo en lontananza.
Por otro lado, algunos agradeceríamos que los grupos parlamentarios del PSC y de ICV-EUiA, que se dicen progresistas (de los de verdad, no de los de mentirijillas), no se limiten a votar en contra y que, al menos y para salvar algo la cara, aleguen un voto negativo razonado. Y muy razonado tendrá que ser para que algunos no volvamos a sentir, por enésima vez, vergüenza ajena.
En la próxima carta te prometo más alegrías.
Saludos cordiales,
j.