
El día transcurría apaciblemente y, pasada la sobremesa, invitaba al paseo vespertino. Era un domingo extraño, de estos que nos ha deparado un mes de mayo lluvioso y, como nunca, frío. Toni y yo quedamos para darle rienda suelta a nuestra locura y, al final, Ely también se nos unió. Sin rumbo fijo, los tres caminamos desde la Universitat hasta les Rambles y, de ahí, hacia la estatua de Colom y el barrio marinero de la Barceloneta. Fue un paseo plagado de intermitencias, puro turisteo de rambla mientras las floristeras nos sonreían ufanas ante el lustroso muestrario de flores primaverales y yo no podía dejar de adorar esa maravilla del agua de mayo.
Por otra parte, y con la colaboración de mis amigos, a lo largo del camino fui tomando algunas fotos hasta que, perezoso, me cansé del juguete. Hace semanas que prometí enviar algunas fotos de Barcelona a mis amigos neozelandeses y, cada vez que tengo oportunidad, cargo con mi cámara y me lanzo a la caza. La verdad es que me están quedando unas fotos muy bonitas, como la que se puede contemplar en esta entrada, donde aparece el barrio de la Barceloneta visto desde el Port Vell.
Una vez llegados a la playa de la Barceloneta, quisimos ir al Santa Marta a solazarnos con unos zumos pero, cómo no, el bar estaba abarrotado de clientela joven y despreocupada sin la menor intención de desalojo. Toni propuso, a toda costa, esperar a que se abriera algún hueco en la terraza pero Ely y yo comenzamos a sentir una comezón en nuestros vientres que indicaba que la cena estaba próxima. Después de convencerlo, Toni nos comentó que conocía un restaurante cercano donde podríamos satisfacer nuestro apetito a un precio razonable. Se trataba de un lugar del que Toni me había hablado hacía tiempo pero que, por una razón u otra, yo no había podido visitar. Encaminamos nuestros pasos en dirección montaña y, tras callejear unos minutos por la Barceloneta, ya estábamos ante la puerta de entrada del Buon Appetito.
Espero que no os abandonéis al tópico. Me explico: todos sabemos que, habitualmente, los restaurantes italianos de Barcelona son propiedad de argentinos. En cambio, los del Buon Appetito proceden de la piccola Italia. Esto no debería, en principio, ser una garantía de calidad, habida cuenta de que muchos argentinos son descendientes de italianos y, a menudo, son mejores cocineros, pero ahí dejo el dato. En lo que respecta a las dimensiones del local, el Buon Appetito es un restaurante muy pequeño, con la cocina en la entrada y donde apenas hay espacio para que transiten los camareros. La distribución es un poco extraña porque, tras la cocina, hay algunas mesas; luego, a la derecha, tuerce un pasillo con algunas mesas; y, finalmente, hacia la derecha, de nuevo, se abre otra pequeña sala, junto a los lavabos.
El Buon Appetito ofrece un variado surtido de pizzas, además de la consabida selección de pasta y ensaladas de todo buen restaurante italiano. Según cuenta Toni, la masa de la pasta la preparan en el propio restaurante. En cuanto a los postres, al parecer disponen de una combinación de preparados caseros e industriales.
En lo que respecta a nuestra cena, Ely se pidió una pizza con butifarra cuya combinación no me acabó de convencer, aunque se notaba que el grosor de la masa era el adecuado. ¡Gran consuelo para los amantes de la pizza! En el caso de Toni, éste encargó la ya habitual ensalada -plato que nunca falla en un establecimiento como este- y, por mi parte, hice caso a mi amigo y comensal y solicité una focaccia junto con penne a la boscaiola que, la verdad, me supo riquísimo. De postre, convencimos a Ely para que probara el Tiramisú y, al final, acabamos comiéndonoslo, a dentallada limpia, entre los tres. Se encontraba realmente rico. En cuanto a la bebida, aunque solicitamos agua, me pareció leer que disponían de algunos vinos como el Lambrusco y de algunos cócteles internacionales como Caipiroskas.
Ciertamente, mi conocimiento del restaurante es limitado, pero lo suficiente como para afirmar que, en cuanto pueda, haré una nueva incursión en su carta, cuidada y razonable. El restaurante es limpio y el servicio es amable y diligente. No es el lugar adecuado para una cena romántica ni para una cena con muchos comensales, dada la estrechez del local. Por otra parte, está bastante concurrido aunque Toni cree que no es necesaria la reserva en viernes y sábado noche. Desconozco el día de descanso.
Con todo, estoy a la espera de las posibles rectificaciones de mi amigo y comensal.
He aquí los datos completos:
Pizzeria – Restaurante Buon Appetito. C/ Maquinista, 52. T. 93 268 40 16. Metro Barceloneta, L4.
Precio medio: yo calculo que, por 3 platos, unos 18 euros por persona.
Puntuación (según la tabla de valoraciones ideada por chef Toni): 3 palillos d’or