Yo quiero que te vayas por el mundo
y quiero que conozcas mucha gente,
yo quiero que te besen otros labios
para que me compares, hoy como siempre.
José Alfredo Jiménez
Como el mariachi, yo me doy la media vuelta y regreso a mi amada Barcelona con el corazón fuera del pecho y la boca seca de tanto reír y amar, como nunca hasta ahora. Fue algo triste despedir a mis amigos con los pies mojados bajo la lluvia del Pacífico sur, pero ha sido una alegría llegar a la soleada sequía de donde tú te encuentras. ¡Quién sabe si saciaré mi sed de nuevo!
El viaje de vuelta ha resultado cómodo y no se me ha hecho excesivamente pesado quizá porque, en los días previos, apenas tuve tiempo para pensar en ello y estuve más preocupado en despedirme de mis amigos y en cómo cerrar la dichosa maleta. De todos modos, y pese a lo apacible del vuelo, prometo que, la próxima vez, no me marcharé a un lugar tan alejado de casa. Esta promesa es de fácil cumplimiento habida cuenta de que, por ahora, no pienso hacerme astronauta.
En una próxima entrada te adjuntaré algunas fotos y te hablaré de mis últimos días en Auckland y de los amigos que dejo atrás. Ahora intento superar el jet lag y creo que para mañana estaré listo del todo. Ya sabes que, en cuanto pueda, me pondré en contacto contigo. Lo único que te puedo avanzar es que nuevos viajes me esperan, algún día, no sé si tarde o pronto o quizá nunca. Y que, cuando ese día llegue,