Una opinión sobre los viajeros

He aquí un texto interesante (versión castellana más abajo)

[…] els comportaments més inharmònics i ridículs són practicats sobretot pels habitants de les grans ciutats, que, saturats de consum i assedegats de novetat, es passegen pel món amb l’interès exclusiu de les constatacions personals. Constaten paisatges, persones, museus o països, intentant augmentar la seva neurosi d’informació. En lloc de cercar el coneixement escoltant, es passen el temps a la caça de psicoanalistes voluntaris per explicar el moviment de les seves tripes, i quan et diuen “Què tal, com estàs?”, ja ni cal esforçar-se a contestar la salutació, perquè sense donar possibilitat de resposta, engeguen l’inacabable monòleg.

Albert Boadella, “Memòries d’un bufó”

[…] los comportamientos más inarmónicos y ridículos son practicados sobre todo por los habitantes de las grandes ciudades que, saturados de consumo y sedientos de novedad, se pasean por el mundo con el interés exclusivo de las constataciones personales. Constatan paisajes, personas, museos o países, intentando aumentar su neurosis de información. En vez de buscar el conocimiento escuchando, se pasan el tiempo a la caza de psicoanalistas voluntarios para explicar el movimiento de sus tripas y, cuando te dicen “¿Qué tal, cómo estás?”, no hace falta ni esforzarse en contestar el saludo porque, sin dar posibilidad a la respuesta, comienzan el inacabable monólogo.

Tras la barrera

Querido J:

No es que escribir sea para mí un relajo terapéutico, un kit kat de los tiempos convulsos, sino una urgencia saludable que me insufla emociones terapéuticas como las que puedan aportar los masajes y las aguas tibias de un balneario a un espinazo torturado. Por esta razón, no me ha sido difícil reunir fuerzas y empezar a teclear, apresuradamente, con la presteza del periodista que redacta y revisa las últimas galeradas antes de dar el entero diario a las prensas. 

No obstante esta cataplasma recurrente, los últimos años han sido para mí bastante frenéticos. Ahora este compromismo, ahora este objetivo, trabajar, estudiar… Me he presionado a mí mismo por cosas inútiles y desprovistas de interés debido a mi naturaleza obsesiva. Debí aprender a decir no a más de una proposición absurda y, quizá, a perder más de un conocido por falta de trato. Actualmente, los gurús de los recursos humanos (¡menudo eufemismo más canalla!) llaman a esto priorizar… (otro eufemismo todavía más canalla). Aunque mejor me relajo y sigo con mi exposición.

En resumidas cuentas, si te escribo es porque encierro en mí una fatiga duradera que me aflige desde antes de Nueva Zelanda y, como eres mi amigo, quiero que lo sepas de mis labios, antes de que los zahoríes de la calle te trasladen su calumnia envenenada. Entre otras consecuencias, la más perceptible es que, desde hace un año, sufro una pérdida anormal de cabello. Es infalible la ecuación “mucho estrés = caída de mucho cabello”. En los momentos más agudos incluso he tenido problemas para conciliar el sueño, aunque esto lo he superado en los últimos meses y ahora duermo con la pata quebrada. Dirás que me hago viejo y que la edad lleva aparejadas preocupaciones y dolencias, pero yo creo que es todo lo contrario porque -y añade más patetismo al asunto- si me estreso al ralentí, ¿qué será de mí el día que tenga pareja, hijos, hipoteca y vacaciones en Benidorm? ¡No lo quiero ni pensar!

Querido J: siento plantarme aquí pero soy incapaz de seguir tu vuelo. Tú, que tienes el pecho de acero, estás hecho al vértigo. A mí, apenas se entorna la ventana, me sobrevienen las náuseas. Me siento más cómodo con las patas hundidas en la arena que con el pico buceando entre las nubes. Se diría que, como el kiwi, mi vuelo gallináceo me convierte en presa fácil para las alimañas. Pero es lo que ahora mismo deseo hacer.

Esto es lo que quería que supieras, buen amigo. No te lo tomes como algo grave porque esto es el pan nuestro de cada día. Ten por seguro que el picador estará por llegar y este toro hernandiano todavía conserva la mala leche para seguir corneando con los ojos cerrados. De ahí que, como los matadores, me haya cortado la coleta (y  esto último, querido J, no es literatura) y me haya retirado por un tiempo indeterminado tras la barrera. De esta manera, conjuro el peligro de un final de cantante melódico en Las Vegas sometido a una papilla de antidepresivos.

Dicen que el deporte, una dieta sana y dormir las horas adecuadas contribuyen a mejorar la salud. En mi caso, le añado las muchas lecturas interesantes que están empezando a ocupar mi tiempo y a renovarme el espíritu como hijos pródigos de vuelta en la vejez del padre. Sin olvidar, claro está, este verano que empieza a reverberar en los espejos y bajo cuyo sol es todo un gusto cocinarse. 

Con todo mi cariño,

j. 

Aquí estamos…

Los días pasan, tiernos, dulces, meciéndome mientras un sol pusilánime dora mi piel todavía bronceada tras el verano austral. El verano barcelonés, si el cambio climático no lo remedia, está cerca y el viento en Barcelona es ya como un dulce de leche que quisiera mordisquear. Mi apetito es voraz pero tendré que esforzarme para mantener el tipito que me traje de NZ y que, en un par de semanas, he dilapidado como un hijo consentido. Y eso que creo que nunca en mi vida había engullido tanta comida basura como en NZ, más a instancias de otros que no por mi parte. ¡Hamburguesas las justas!, es mi lema. ¡A mí el cabrito asado! ¡Y la paella, la tortilla de patatas con cebolla y el sabor terroso de la horchata!

Por cierto, ahora que vuelvo a desangrarme en el muladar de siempre me entero de que la señora vicepresidenta del gobierno se ha fotografiado con todo un señor polígamo y sus esposas con motivo de una visita a una fábrica de preparación de chufa en Níger. Lo que me lleva a la conclusión de que ya hasta la chufa es importada.

Hace falta una revolución para que nos devuelvan los sabores de siempre. Yo quiero comer una naranja que no brille y que tenga gajos reblandecidos; yo quiero las manzanas con gusanito y los tendones del conejo, duros y tersos, pero también gustosos, y no ese sabor a plástico inyectado; yo quiero que el aire sepa a aire y no me reseque el paladar; yo quiero que los tomates que consumo no tengan el mismo sabor que los tomates que decoran los fruteros; en fin, yo quiero un perro lucero y no un Golden retriever. ¡Viva lo mestizo, lo feo, lo descompensado! Para otros lo perfecto, lo insípido, la cuadratura del círculo. ¡Abajo el positivismo!

Correspondencias (J.B. Durán): Crónica de mi esperpéntico viaje al sur

Dicen en Madrid que no hay sábado sin sol ni doncella sin amor, claro está por cuanto tiene la ciudad de metafórica. Apenas se asoma el sábado hay que sacar allí el paraguas y ajustarse las polainas y la Barbour, cual señorito castellano-andaluz, que es esto lo que se estila. Entonces sí, entonces ya uno puede darse un paseo tranquilo por Recoletos, enfilar hasta Serrano, a lo sumo Velázquez, y acercarse incluso al parque del Retiro, que los sábados rezuma gran humedad, alegría y fulgor de doncellas enamoradas.

El señorito castellano-andaluz ha sido de antiguo mucho más dado a la retórica y a la caballerosidad que el andaluz puro, que hoy día mora por ahí, al sur del buen gusto y al amparo del turismo. En la árida Costa del Sol, donde a cambio de acequias secas ponen campos de golf, abundan edificios estratosféricos, ominosos, en los que el andaluz de a pie reposa sus perezas y no hay doncella que alcance el amor. De ahí que todas deban subirse a Madrid, a procurárselo en los sábados luminosos.

En mi corta estancia sureña me sorprendió lo que más esa falta de encanto femenino, tan sólo cierta zalamería, cosa que a los norteños más bien nos empalaga. Tan peguntosa puede resultar como los infinitos chicles que había pegados en los autobuses, por lo que uno tuvo a bien viajar siempre de pie, no fuera a pegárseme un chicle en el trasero, la pierna o la espalda, maldita la gracia. Desde luego el chicle nació para el perezoso, un invento a todas luces ideal para éste, pues que uno masca algo que no tendrá siquiera que deglutir, basta con que lo escupa o lo pegue en el sillín del autobús.

A todo esto los turistas hacen la vista gorda, que es ésta al fin y al cabo la condición básica del turista, hacer la vista gorda. A poco que hilaran fino decidirían quedarse en sus respectivas casas, donde a buen seguro habrán dejado las gafas mejor graduadas y las alhajas más valiosas. Acuden ellos al sur a lo peliculero, a la aventura, con idea de tomarse unas copas, echar unas risas y amariscarse un tanto la piel, que debe de vender mucho esto en sus países. De este modo, a su vuelta toman más conciencia de lo afortunados que son en su vida real, no la aventurera o sureña. La vida real de los guiris, ay, es con la que sueña el andaluz puro en sus largos sesteos.

Pero los turistas me importaban a mí una higa, más bien afeaban el entorno a mis ojos, sobre todo a tenor de mi fijación en las huestes sureñas. Quería toparme con un bellezón de estos que tantas películas y conversaciones mueven. Y como no lograra dar con ninguno me llegué a un sanatorio marbellí, situado en la parte alta de la ciudad y cuya imagen remozaba una pizca el espanto del centro. Entre el sanatorio y Puerto Banús se abría un enorme espacio de horrores nacionales e internacionales, y no sé por qué pensé que en el sanatorio estaría más a gusto, quizá dada la proximidad del monte. A un norteño le sienta bien el verde, por escaso que allí sea.

Era la hora de la comida cuando llegué, con lo que apenas si pude apreciar las señoritas que frecuentaban el lugar. Tenían que prestar ellas toda su atención en lo que comían o dejaban de comer, y por añadidura no se le permitía a un visitante almorzar allí. Sí me di cuenta, en cambio, de los tejemanejes y negocios que en aquellos salones se balbucen e incluso cierran, cual escondite impagable, a hurtadillas de cualquier cotilla y asimismo de los habituales chismosos. Más que en posibles huestes, por tanto, reparé en rumores sobre compras y ventas de grandes extensiones argentinas, también de pequeños locales en Puerto Banús, cuyo montante total acaso fuera similar.

Estaba en una ladera de la montaña el sanatorio, rodeado de árboles de copa grande, frondosos, que arropaban las demencias y caprichos de quienes allí se alojaban, muy bien cuidados y vigilados por lo demás, con unas excelentes muchachas de bata blanca y sonrisa permanente aparte de varios guardias de seguridad, robustos igual que los árboles salvo que con rostro de mala leche. Se le notaba la alcurnia al sitio, claro, una floración de alfombras, espejos y cuadros lo adornaba, además de los coches que había en el aparcamiento, idóneos para superar cualquier crisis. Y vuelto hacia el monte, mientras el personal almorzaba, me tomé yo un Jameson solo, con dos hielos, que duró lo mismo que un traspase de poderes argentinos.

Menos mal que el esperpento marbellí lo aderezó la preciosidad de los machadianos campos de Castilla, primaverales y verdeantes, donde cualquiera puede atisbar a lo lejos la figura de una doncella de la que enamorarse. A la suya Antonio Machado dio en llamarla Guiomar, si bien era real y con toda probabilidad la conocería en un sábado soleado. Tuvo esa desgracia el poeta, ay. Los campos de Castilla embelesan a primera vista, nos roban la atención, y uno, que es andarín, echa a andar por ahí y en un tris se planta en Madrid. El único riesgo acaso sean los molinos de viento, que sobreviven al paso de los años y al caballero que los confundía con gigantes, dando así a la cultura española un pasaje que ha adquirido más peso que el propio libro por el que anduvo. El Quijote pocos lo han leído y sin embargo cualquier español conoce el pasaje de los molinos cual gigantes, es un desatino que nos une en este país de egoísmos encontrados, y por eso, digo, quizá sea éste el único riesgo de los campos de Castilla. El día menos pensado uno de esos molinos se tornará de veras gigante y atacará a un caballero indefenso, sin su fiel escudero y para mayor complicación recién salido de un sanatorio marbellí.

No tuve problema ninguno yo con los molinos, mientras que las doncellas que atisbaba en el horizonte motivaron mi travesía, de igual modo que Guiomar motivó tantos poemas de Machado, entre la espiga fresca y sonora, mecida por el viento, y el ganado que pastaba junto a pequeños arroyuelos. A través de los campos de Castilla tomé distancia del mar, de los edificios estratosféricos, oliendo ya un ambiente más castizo que despertaba con fuerza mi interés.

En Madrid llovía y aun así me di largos paseos, al buen tuntún, con las polainas y la Barbour bien ajustadas. Yendo por Serrano principié a ver a esas huestes sureñas que abandonan su tierra porque a cierta edad los sueños hay que perseguirlos, no vale echarse a la sombra de un edificio para turistas. Ellas dan cuenta de la metáfora, que no hay sábado sin sol ni doncella sin amor. Y en lo que a los guiris respecta, no todos han descubierto todavía la Costa del Sol y muchos se amontonan y arrullan, las parejitas, en los museos de la capital, que a menudo hacen las veces de centro de acogida y así no se puede ver un cuadro con la calma y sosiego que merece. A un museo hay que acudir como el caballero inglés, despacio y en soledad, con tal de no perder ripio, a menos que se nos lleve la mirada una de esas señoritas que custodian los cuadros sentadas en un taburete. Lo que ocurre es que a los alcaldes esta afluencia de guiris les pone un montón, se les llenan los ojos de jolgorio y les impelen a que vengan cada vez más, por lo que no tuve otro remedio yo que tomar las de Villadiego y volver a por mi doncella favorita, norteña, antes de que otro sol ilumine sus sábados.

J.B. Durán

Querido Joan:

Madrid es esa ciudad de un millón de cadáveres que nos contó, uno por uno, Dámaso Alonso. Se quedó corto, pobrecillo, quien fuera gran gongorino pero muy mal agorero: el pronóstico fue todavía peor y la ciudad es un gigante -nada quijotesco- que en plena canícula se derrite y a los que tenemos boca nos inunda el estómago con cemento. De ahí que, tras las recientes temperaturas estivales, hoy tenga el vientre suelto y prefiera no opinar de la villa y corte. Así que pasemos a otros menesteres más saludables.

A propósito del sur, que sepas que, a mí, el sur me agrada. Y si le añado una copa de Jameson con dos hielos o, mejor, un fino con su tapa de pescadito frito, probablemente mi diagnóstico estará revestido de la loa más entusiasta. Porque el sur es una bofetada en los morros dada por una mano morena y enguantada de boatiné; es una mujer dolorosa, de rigurosa mantilla, para vedarte a la vista sus profundas lágrimas de madre; es ese señorito sevillano del que te hablé en “Sevilla la llana” y al que tanto detesto por su peperío insípido y deslenguado; es el príncipe de los cantaores con todo el malditismo de los Puertos cuajado en su garganta; es Alberti y la caracola marinera susurrando en su oído; es Romero de Torres y la mujer cordobesa con un pecho sobre una bandeja de alpaca; son el oro líquido del olivar y la reja de la Línea y los toriles y el salmorejo frío del verano… En definitiva, el sur son todavía ese aguador, ese pocero, ese arriero, por mucho que ahora ya no pervivan ni aguadores, ni poceros ni arrieros, aunque yo me los cruce a cada paso que doy por las callejas andaluzas engalanadas de jazmines y azucenas.

Andalucía es precoz, sensual y pendenciera. Todavía no perrea, pero tiempo habrá. Yo no sé por dónde se encuentran los andaluces puros pero me imagino que, como tú cuentas, estarán pateándose el asfalto de Madrid en busca de las habichuelas o, quizá -y esto es una impresión personal- se dedicarán a tocar el tambor junto a Manu Chao. Ya nada es como antes y ni siquiera vale la pena que lo sea: tan solo cuenta la imaginación.

Por otra parte, en tu estancia en el sur habrás notado, en sus mujeres, la sensualidad despreocupada de la adolescencia y, en sus hombres, el sesteo de sus ojos de gato montés de camino a la cantina. Asimismo, tú, que vienes del norte, deberías de haberte dado cuenta de tu posición ventajosa de príncipe de los enamorados. Relee aquel poema de García Lorca en que el galán de torres pasa su brazo por la cintura de la muchacha que recoge aceitunas. No necesito acudir a Ian Gibson para sostener que ese galán lorquiano es, efectivamente, todo un chicarrón del norte.

Que vienes del norte las sureñas lo notan en tu porte torero, en tu cintura presta para las chicuelinas, en tu firmeza de fiel almonteño o en tu dicción de notaría granadina. Por algo don Juan fue antes sevillano que madrileño y dos castellanos viejos como Tirso de Molina o Zorrilla se enamoraron del personaje y lo hicieron carne. Aunque el sevillanismo, contrariamente a lo que se piensa, no agota, ni mucho menos, lo andaluz. Más bien lo cercena o, como diría un poeta, lo trabuca.

Entiendo que, en tu búsqueda introspectiva, terminaras en un sanatorio allá por la costa del sol. Marbella, desde lejos, es llamativa como una perla ambarina y es necesario hollar el esperpento antes de abrir la boca y llenártela de cemento. En cambio, permíteme decirte, querido amigo, y por la amistad que nos une, que al sur se va a hacer el amor (ya lo dijo Raffaela Carrá, boloñesa y, por tanto, nada sospechosa de sudista) más que a otra cosa, incluso más que a hacer negocios, aunque los norteños suelan dejar por allí su manto de cemento y corrupción. Si quieres entregarte a los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola es mejor retirarse a algún balneario o caserío del frío y melancólico norte… como, por ejemplo, me viene a la cabeza que hizo Bécquer en Vinuesa. Bécquer, como bien sabes, era un andaluz paseado por Madrid.

Con mis mejores deseos,

j.

Correspondencias desde Australia (Edu): Travesía Red Rockets (from Alice Spring to Darwin)

29 de abril de 2008 y hace 1,5 dias que llegué de “las aventuras por el centro de Australia” y para esto os envio este correo…por si os interesa sabes las aventurillas y cosas curiosas que han sucedido en este viaje. Perdon si me decanto un poco a escribir en tono poetico pero acabo de leer el Blog de Jose y parece que se me ha pegado un poco su literatura….jijiji.
 
Ahora sí….Saludos a todos y cada uno de vosotros y a continuación la aventura que titulo como… TRAVESIA RED ROCKETS FROM ALICE SPRING TO DARWIN.
 
El sabado 19 de Abril cogimo un vuelo dirección a Alice Spring, que es una mini ciudad situada en pleno centro de Australia. No se si es una falta de respeto o no pero la primera impresion una vez llegamos fue….Uff hay una plaga de “zombies”….Si si esos aborigenes que viven en la ciudad y parecen mendigos…. Resulta que viendo esa mini ciudad no haciamos mas que ver esos individuos oscuros de piel, sucios, descalzos, con ropa destrozada y obviamente..olian a culo. Si son aborigenes…porque no viven en sus cabañitas en los poblados..? Realmente daban miedo y sobretodo si te los cruzabas por la noche porque ademas andaban como arrastrandose muchos de ellos….de ahi el sobrenombre de “zombies”…creo que muy acertado.
 
Despues de esta primera impresion en Alice Spring, en la que pareciamos estar en una pelicula…..vino la segunda impresión en un restaurante llamado sports o algo así…en la que comí unos spaguettis marinara espectaculares…mmm aun recuerdo el sabor jeje.
 
Como estais imaginando el primer dia no hicimos mas que estar en Alice Spring pues el Tour empezaba al dia siguiente a las 5 de la mañana…si si 5 de la mañana. Así que fuimos a dormir prontito porque a mi me pesa el culo por la mañana. La buena noticia al levantarme fue que a SOnia le habia sobrado de su plato de spaguettis carbonara y me los comí desesperadamente a las 4,30 de la mañana. Habeis comido Spaguettis a esas horas alguna vez? Para comer no hay horas leches!!!!
 
Nos vino a recoger un hombrecillo delgado de mas de 2 metros con un típico gorro australiano (pensad en cocodrilo Dundee y acertareis) y preguntando por las proximas victimas del tour. Obviamente nosotros eramos unos de ellos junto con otros 15 acompañantes mas aproximadamente.
 
Cogimos un autocar con un remolque en el que metimos nuestras preciadas backpacks y empezamos a rodar cuando aun no habian puesto ni las calles. Durante ese dia estuvimos en el bus haciendo paradas en sitios bastante espectaculares, pero todo en un ambiente de desierto. En el centro de Australia todo es desierto y sus respectivos habitantes reptiles.
 
Tras un largo viaje y diferentes paradas llegamos a un campamento con unas fantasticas tiendas de campañas (sarcasmo o ironia porque eran simples y feas como lo puede ser una piedra).El objetivo era acampar cerca del Uluru (Si no lo conoceis ya sabeis…google y buscar fotos) que es una piedra enorme de un color anaranjado. Se dice que fue un meteorito que calló hace tropocientos años porque está en medio del desierto. Se caracteriza porque al amanecer tiene un color rojo incandescente mientras sale el sol y poco a poco va cambiando de color hasta ponerse anaranjado…muy interesante para los geologos…a mi personalmente me gustan mas los animalitos que las piedras pero anyway….muy interesante. Pues a la mañana siguiente a eso de las 5 de la mañana vimos todo lo que nos habian explicado sobre la piedrecita y realmente era cierto.
 
Esa noche como casi todas las demas las dormimos en esas tiendecitas habitadas por seres extraños y que hacian ruiditos y quien sabe si paseaban por tu saco de dormir…
 
Tras ver el Uluru vimos mas sitios espectaculares, eso si ya despues de la puesta de sol (la cual la pasamos andando alrededor del monstruo ese, durante 2,5 horas aprox). NO recuerdo bien los nombres de los sitios que visitamos pero seguro que si a alguno de vosotros les interesa me lso preguntara y le diré encantado…eso si tras consultarlo previamente.
 
El camino de Uluru hacia Darwin fue bastante duro porque el conductor (que ibamos cambiando cada 3 dias aproximadamente) hacia paradas en casi cada area de servicio…por llamarlo de alguna manera.  Seria una agonia para vosotros ller cada una de las paradas que hicimos pero me centare en las anecdotas que os seran mas amenas :)
 
Cuando mas hacia el norte subes te vas encontrando cada vez mas vegetación, de forma que lo que empezó siendo bosque acabó siendo selva!! Obviamente si la putada del desierto era la plaga de moscas que habia…en la selva lo peor era..TODOS LOs ANIMALES SALVAJES. Los animales se multiplicaban segun ibamos subiendo y acercandonos a Darwin. Desde morquitos a trantulas, ranas, sapos venenosos, cocodrilos, serpientes…etc.
 
Tuvimos muchas anecdotas con los animalejos, por ejemplo:
 
Mosquitos: decenas de picadas a cada uno de nosotros. Yo el mas beneficiado…solo 3 jejej
Tarantulas: una en nuestra tienda de campaña en Darwin…increible porque no dormimos en toda la noche del acojone. Tenemos fotos de prueba!!
Serpientes: pudimos cogerlas, tocarlas, y otras no. Vi un pellejo de serpiente en un arbol de la puta selva!!!ufff
Moscas: hay una foto en la que se me ve la espalda con unas 20 moscas en ella…es solo un pekeño ejemplo!!
Ranas: ejem ejem a SOnia se le pegó una en el culo mientras meaba (espectacular el grito, no lo oisteis??)
Sapos venenosos: vimos algunos muertos por ahi…menos mal k estaban muertos.
Crocodiles: Fuimos en barco a un rio y un tio empezaba a marearlos con una especie de caña de pescar y un cacho de carne enganxao!!! tendrais que ver los saltos que daban esos bichos..ver las fotos!!!
Seguro que vimos muchos mas animalillos pero esto ha sido un buen ejemplo.
 
Bueno supongo y espero que este resumillo os haya gustado. Ya os explicare largo y tendido a la vuelta. 

 
Un beso en el culete para todos!!!!
 
En menos de 7 semanas estoy alli!

 

Querido Edu:

Tu crónica del viaje al corazón de Australia es muy instructiva. Y, no sólo porque alimenta nuestras ganas de conocer lugares, sino porque se nota que, tanto Sonia como tú, os llevásteis una experiencia inolvidable. Seguro que las moscas, ranas culonas, reptiles, zombies y demás criaturas del Señor te habrán enseñado que lo de las películas es eso, únicamente ficción de cartón piedra. Y es que la vida es mucho mejor experimentarla, aunque sea con picaduras, latigazos y demás mordisquitos en la yema de los dedos o en la misma rabadilla.

Así pues, te deseo mucha suerte y arrojo para los próximos viajes y espero que nos reencontremos por aquí a tu vuelta. ¡Ah! Y te espero entero, sin parches en el ojo ni garfios incrustados en la muñeca o sombreros de piel de cocodrilo para disimular los arañazos en el cráneo. ¡Imagínate que me vuelves en rodajas y que nos veamos obligados a cocinarte como harían los maoríes de antaño! ¡Eso sí que sería venenoso!

Un abrazo para Sonia y para ti,

j.

La media vuelta: fin de un amor

Yo quiero que te vayas por el mundo
y quiero que conozcas mucha gente,
yo quiero que te besen otros labios
para que me compares, hoy como siempre.

                                                                  José Alfredo Jiménez  

Como el mariachi, yo me doy la media vuelta y regreso a mi amada Barcelona con el corazón fuera del pecho y la boca seca de tanto reír y amar, como nunca hasta ahora. Fue algo triste despedir a mis amigos con los pies mojados bajo la lluvia del Pacífico sur, pero ha sido una alegría llegar a la soleada sequía de donde tú te encuentras. ¡Quién sabe si saciaré mi sed de nuevo!

El viaje de vuelta ha resultado cómodo y no se me ha hecho excesivamente pesado quizá porque, en los días previos, apenas tuve tiempo para pensar en ello y estuve más preocupado en despedirme de mis amigos y en cómo cerrar la dichosa maleta. De todos modos, y pese a lo apacible del vuelo, prometo que, la próxima vez, no me marcharé a un lugar tan alejado de casa. Esta promesa es de fácil cumplimiento habida cuenta de que, por ahora, no pienso hacerme astronauta.

En una próxima entrada te adjuntaré algunas fotos y te hablaré de mis últimos días en Auckland y de los amigos que dejo atrás. Ahora intento superar el jet lag y creo que para mañana estaré listo del todo. Ya sabes que, en cuanto pueda, me pondré en contacto contigo. Lo único que te puedo avanzar es que nuevos viajes me esperan, algún día, no sé si tarde o pronto o quizá nunca. Y que, cuando ese día llegue,

entonces yo daré la media vuelta
y me iré con el sol
cuando muera la tarde

                                                                               (Ídem)

Miscelanea de Nueva Zelanda

Esta vez te digo adios, por ultima vez, sin acento. Pronto estare contigo para comentarte en vivo y en directo este viaje maravilloso de tres meses. No me negaras que, tras tanto hablar de este viaje en estas cartas alarifenyas, no estas suficientemente informado. Quiza demasiado. Tengo miedo de que te hayas formado una idea extravagante de Nueva Zelanda. O quiza no abrigue otra intencion cuando te hable de este pais?

Sea como sea, deberas discernir, con tu natural perspicacia, que hay de verdad y que hay de apasionamiento en todas estas cartas que te he servido periodicamente. Para refrescarte la mente te sirvo ahora esta mi pequenya miscelanea de Nueva Zelanda, con todo el carinyo. Espero que no te defraude su simplicidad y su caotico orden. Recita cada versiculo como si fuera una letania poco fidedigna. Porque esta miscelanea es una recapitulacion de impresiones, tambien erroneas.

 

En los aeropuertos de Nueva Zelanda, las maletas de los aviones se recuperan en una sala cuyo acceso esta permitido a todo el mundo. Tu mismo, sin billete ni identificacion, puedes acceder y llevarte la primera que quieras. Pero no se pierden maletas;

en Nueva Zelanda y en los vuelos domesticos, nadie te exige el pasaporte ni identificacion alguna: solo el billete;

en Nueva Zelanda, las casas no suelen tener valla o tienen las puertas abiertas de par en par. Las bicicletas, atadas a las farolas, ademas, conservan las ruedas y el sillin;

en Nueva Zelanda, si preguntas por una direccion, la gente es amable y se esmera en proporcionarte las indicaciones adecuadas. Si nota que no lo has entendido, te acompanya, al menos, hasta un lugar a partir del cual no haya perdida; incluso, te puede acercar con su coche. Esta solidaridad se debe al hecho incuestionable de que los transportes publicos son muy escasos;

en Nueva Zelanda y por la noche, los backpackers, que son alojamientos baratos para mochileros, no cuentan con recepcionista o encargado. Cuando fuimos a Christchurch llegamos muy tarde al alojamiento, asi que el recepcionista nos dejo colgadas, en la puerta de su despacho, las llaves de nuestra habitacion junto con la contrasenya de seguridad;

en Nueva Zelanda, la policia te detiene, te pregunta tu nacionalidad, que haces en este pais, hasta cuando vas a estar, etc. Te pide que rellenes un formulario con tus datos personales y te da cita en el juzgado… pero no te pide ni el pasaporte ni anota los datos de tu carnet de conducir; por supuesto, el juicio no llega a celebrarse y puedes abandonar el pais tranquilamente;

en Nueva Zelanda, en los backpackers te proporcionan sabanas, cuberteria, valija, a veces sal, lenya para la barbacoa, etc. con total libertad, solo que debes dejarlo limpio despues de usar;

en Nueva Zelanda, alli donde vayas a comer te sirven, por defecto, agua, sin cargo anyadido. Esta costumbre tambien la han adaptado los orientales que viven aqui;

en Nueva Zelanda, puedes ir a la playa, dejar tus pertenencias en la arena, darte un banyo y regresar sabiendo que nadie te ha robado nada; tambien es verdad que las playas estan muy vacias porque, en este pais, vive poca gente;

en Nueva Zelanda apenas hay motocicletas debido a la lluvia y el viento y los repartidores de pizza van en coche (lo he visto en varias ciudades y yo mismo he pedido una pizza y me la han traido en coche: por cierto, en un Audi);

en Nueva Zelanda, hay mas policia asignada al turno de noche que de dia, segun me confirmaron fuentes fidedignas;

en Nueva Zelanda, las tiendas suelen cerrar a las 6 y, algunas, un poco mas tarde; en cambio, los bancos, cierran a las 16:30;

en Nueva Zelanda, hay bares que no disponen de banyo;

en Nueva Zelanda, para decir gracias tambien dicen “cheers”, aunque no aparezca en tu diccionario y tengas que consultar vocabularios neozelandeses;

en Nueva Zelanda, los coches circulan por la izquierda, aunque el cambio de marchas tiene el mismo sentido que en Espanya; tambien se suben y bajan escaleras y se camina por la acera del lado izquierdo;

en Nueva Zelanda, los hombres saludan a las mujeres con un encaje de manos;

en Nueva Zelanda, esta prohibido fumar incluso en algunos edificios privados de apartamentos, donde hay detectores (en tu propia casa!!!!!!);

en Nueva Zelanda, si aparentas una edad inferior a los 25 anyos, el responsable del local nocturno esta obligado a exigirte tu documentacion. En caso de que no se la muestres, debes abandonar el local porque el duenyo podria ser multado;

en Nueva Zelanda, los medicos no trabajan los domingos. Solo hay enfermeras. Lo prometo, es cierto;

en Nueva Zelanda, los deportes mas populares son rugby, cricket, vela y hockey pero en el Domain Park la mayor parte de la gente juega a futbol (soccer);

en Nueva Zelanda, yo creo que si dejas caer un billete de 100 dolares y sigues tu camino, la persona que te sigue te va a alcanzar para dartelo. Estoy seguro.

y etc…