Accidentado fin de semana en Tauranga

Hey honey, walk on the wild side
Lou Reed

Fue tan accidentado, que no pudo acabar mas que en el lugar favorito de las democracias y las dictaduras para estos casos: la comisaria de policia. Pero, lejos de avanzarme, vayamos por partes. Todo comenzo la noche del jueves cuando Emerson, Paulo, Sebastian y yo entramos, por error, en un burdel. Y si, repito, por error. Nosotros buscabamos un billar (pool) sin saber que, aqui, los burdeles los enmascaran tras el nombre comun de piscina (pool). En cuanto nos dimos cuenta del error, salimos y no entramos a la siguiente sala de Pool hasta que estuvimos seguros de que era lo que realmente buscabamos.

Sea como sea, esa misma noche, y ante la evidencia de la botella de ron, decidimos que teniamos que salir de esta ciudad. Adonde? A cualquier lugar lejos de Auckland. Rumbo? Hacia el sur, of course. Quiza, inconscientemente, repetiamos la famosa cancion de Rafaela Carra que dice eso de que “para hacer bien el amor hay que venir al sur” (perdoname, de nuevo, las referencias kischt). Ademas, a mi siempre me atrajo un sur, este mi sur de ahora, que, como dije una vez, es como un oeste. Ruta? A falta de la famosa 66, no habia mas ruta que la que nos permitiera pisar a fondo el acelerador.

Asi pues, el viernes alquilamos un coche, Diego se sumo al grupo y, a la salida de Auckland, ya nos encontramos con el primer autoestopista con un cartel que rezaba “Go South”. Si, me dije, todo el mundo huye hacia al sur. Hasta el viento que rompia contra las ventanillas del Toyota era viento del sur, me dije. El “Fast car” de Tracy Chapman sonaba en la radio mientras un sol de media tarde nos despedia de la ciudad de los veleros.

Antes de nada, decidimos llegar a Wellington, la capital del reino de los kiwis. Pero, a medida que pasaba el tiempo, nos parecio lejos y optamos por llegar a Napier porque Thomas, mi amigo de intercambio linguistico, me habia aconsejado llegarme hasta alli. Finalmente, Diego propuso ir a Mount Maunganui, un pueblo costero cerca de Tauranga. Nadie, excepto el, sabia donde estaba pero nos convencio la promesa de playas lindas y soleadas. 

Una vez en Mount Maunganui, entramos en el primer alojamiento que encontramos. Estaba anocheciendo y nos sentiamos cansados. Preguntamos el precio al manager y este nos ensenyo el apartamento. Era espectacular: todas las comodidades posibles e imaginables y con vistas al mar. Al ser cinco, el precio nos salio bastante ajustado, como si fuera un backpacker. Yo dormi en un sofa-cama y Emerson durmio sobre unos cojines. Emerson es un hombre que puede dormir sobre cualquier superficie -yo creo que tambien sobre un colchon de faquir. Durante el fin de semana, aprovechamos el apartamento para cocinarnos. El sabado, Sebastian se marco un tanto cocinando carne, pescado y verduritas, todo a la plancha. Ademas de ahorrarnos un dinero, asi variamos un poco nuestra dieta de hamburguesas y pizzas.

A partir de este momento la cronica del viaje se torna epica y, consecuentemente, no deberia mas que enmudecer. Sin embargo, y porque te mereces siquiera unos ligeros apuntes, mi voluntad va a doblegar a la del boligrafo y te seguire contando. Apenas dormimos durante las dos noches y dos dias que estuvimos en Mount Maunganui. Emerson se paso todo el fin de semana presumiendo de poder vivir con solo cuatro horas de suenyo… pero, a nuestro regreso a Auckland, el domingo por la tarde, se enfundo las gafas de sol y se recosto en un lado del coche, ante el despiporre general.

Las dos noches salimos de fiesta en Tauranga y las dos noches el alcohol rego nuestros estomagos como el que, a falta de sequia, riega con abundancia el geranio. Sobre todo el de Paulo, un tipo que, mientras tu te bebes una cerveza, el se bebe tres. Ya sabes que no soy de tomar demasiado y en esto me mantuve, mal que bien, en mi linea, aunque mis amigos se pasaron un poquito. Pero no quiero que me apliques aquello de “dime con quien andas…”. Tambien sabes que salir por la noche no es mi actividad favorita. Aun asi, coincidi con mis companyeros en que me gusto mucho la vida nocturna de Tauranga: una callecita con bares y buen ambiente con musica en directo. Hasta nuestros dilectos amigos, los policias de Tauranga, entraban en los bares a echar un vistazo y a dar golpecitos en la espalda a los chicos de seguridad.

Y digo dilectos por lo que viene a continuacion. La noche del viernes estabamos todos, digamos, achispados. Nos preparamos unos cuba libres en el apartamento y luego tomamos el coche para ir a Tauranga. Sebastian se encontraba bien y tomo el coche. No sabemos que le paso, pero empezo a hacer trompos y giros en la carretera. La chispa, eso es. Imaginate un coche con cinco tipos riendo a mandibula partida, la musica a todo volumen, las ventanillas bajadas, y dando tumbos en medio de la carretera. Teniamos todos los numeros para que nuestros dilectos amigos, los policias de Tauranga, nos detuvieran. Pero no paso nada. Afortunados aquellos a los que el angel de la guarda todavia los soporta.

La epica, si quieres, llego a la hora de volver. Serian las 3 de la manyana. Paulo tomo el coche. No sabiamos como encontrar el camino de vuelta. De repente, Paulo giro y se metio por una calle en contrasentido. Nada que no hubieramos hecho ya aquella misma noche. Pero con la salvedad de que, esta vez, esta calle nos llevo directamente a la comisaria de policia!!!!!!!! Imaginate, otra vez, a cinco tipos gritando y riendo, con la musica a todo volumen y con las ventanillas bajadas, aunque esta vez sin trompos. En una ciudad neozelandesa, con las calles vacias, no habia mas que decir. Nosotros continuamos con nuestra marcha, pero a los diez minutos ya teniamos a los tipos mas duros de la ciudad impidiendo nuestro marcha. El resto te lo puedes imaginar: Paulo no paso la prueba del alcoholimetro, la policia nos condujo a la comisaria y alli estuvimos hasta las tantas, temiendo por que a Paulo lo detuvieran todo el fin de semana o que lo deportaran. En Nueva Zelanda, conducir bebido es gravisimo, mas que en Espanya. Finalmente, lo dejaron marchar con una citacion judicial.

Cuando liberaron a Paulo, Emerson tomo el coche y apenas veia sin gafas, asi que todavia hubo tiempo para dar un ultimo cambio de sentido mal hecho, esta vez no con el fin de divertirnos, sino porque nos habiamos equivocado. Nuestros dilectos amigos tambien estaban alli para contemplar nuestras diabluras, pero esta vez entendieron que ya habia suficiente con una multa.

Asi termino nuestro fin de semana accidentado en Mount Maunganui. Por cierto, el sabado trepe hasta la cima del volcan Maunganui, donde disfrute de unas vistas excepcionales, y el domingo me di el que, posiblemente, sea mi ultimo banyo en Nueva Zelanda, en una playa con unas corrientes tremendas y donde he visto tantos surfers juntos como en toda mi vida pasada. Espero, proximamente, y como es costumbre, adjuntarte algunas fotos. El domingo llegamos tardisimo a Auckland porque, al dejar a Diego en su casa, nos volvimos a perder en un laberinto de calles. No estuvimos realmente acertados en todo el fin de semana. Haremos penitencia.

Hace dos semanas Paulo fue a juicio, aunque no se celebro y le dieron una nueva citacion. Este jueves se presento, de nuevo, y no pudo celebrarse el juicio porque en Auckland no habian recibido la documentacion desde Tauranga. Paulo abandona el pais este domingo… Por suerte, nos saldra gratis la gracia neozelandesa. Quien dijo que Espanya era una republica bananera?