Sí, se equivocan porque se han traicionado a sí mismos y van a tirar por la borda las ilusiones de un sector que, hasta su creación, no contaba con representación política parlamentaria. No es que sea algo que a nadie coja de improviso, puesto que venía anunciándose desde la salida del sector crítico de Ciutadans en aquel famoso congreso de hace unos meses. Tampoco a los nacionalistas catalanes les ha sorprendido: lo anunciaron a bombo y platillo desde el primer momento, desde antes incluso de la fundación de Ciutadans, a la que alentaron con la boquita pequeña. A partir de ahora, Isabel Clara-Simó, Iu Forn y Joan Vall Clara podrán dormir con la pata suelta. No obstante, desde la frustrada fusión entre Ciutadans y UPD y la decisión unilateral de Albert Rivera de presentarse él mismo como cabeza de lista de Ciutadans a las elecciones generales, esto ya apuntaba hacia una agonía galopante.
Todo aquél que tenga la más mínima noticia de lo que se cuece por este mundo sabía que esto acabaría con la batalla por el control del gallinero. La política de marca blanca no ha llegado ni, de momento, se la espera. Tampoco nadie sabe muy bien qué es eso de “ciudadanos” metidos en política pero que no son “políticos”. Así que, de nuevo, el no nacionalismo o antinacionalismo regresa al trasmundo del malditismo, demostrando que no es un corcel de embridado fácil, pero esta vez, habiendo perdido la virginidad: un precio demasiado alto que pagarán los futuros intentos de creación de un partido centrista y/o bisagra (ahí están los gallardonistas), o de un partido con la divisa de federalismo igualitario y solidaridad.
Es muy probable que Rosa Díez salga escogida como diputada al congreso. Más difícil lo tendrá Rivera. UPD, que se presenta como una opción transversal entre PSOE y PP, habrá alcanzado representación parlamentaria pero, si, de nuevo, forma gobierno el PSOE, ¿qué política llevará a cabo UPD? ¿Defendará las tesis de Alcaraz, Acebes y Vidal-Quadras? Es decir, Rosa Díez, ¿defenderá los postulados de la siniestra y chantajista junta directiva de la Asociación de Víctimas del Terrorismo? ¿Dirá que el gobierno del PSOE ha vendido Navarra a ETA? ¿Fomentará el boicot contra la lengua o los productos catalanes? O, por contra, si gana las elecciones el PP, ¿servirá de correa de transmisión del ala más radical del PP? O, incluso, ¿prestará su escaño al mantenimiento de un gobierno del PP en precario?
Pocas son las salidas honorables que le esperan al nuevo partido de Rosa Díez y de Fernando Savater. La más fácil es que acaben siendo una nueva Unió Valenciana y sean fagocitados por un PP embrutecido con otros cuatro años de oposición a sus espaldas. Espero y deseo que no lleguen a representar los valores del nacionalismo español más ultramontano, porque entonces habrá que apretar los dientes y darles la razón a la Simó y a demás funcionarios de la “menjadora”, como le gusta llamarla a Sergi Fidalgo.
Estamos en tiempos en que la dignidad y el fomento de la concordia son valores que están en el despeñadero. No es que antes no estuvieran ahí, pero ahora hay quien se obstina en darles un nuevo empujoncito.
